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El capitalismo popular de Margaret Thatcher

Ahora que la aclamada Meryl Streep se llevó su tercer Oscar de las diecisiete veces que su talento le ha permitido estar presente en el principal evento del cine, por su estelar interpretación en la Dama de Hierro, los que tuvimos la oportunidad de leer la biografía y apreciar esa película pudimos ver cómo la ex primer ministra británica, Margaret Thatcher, desafió a todos por su ideal de darle eficiencia al Estado y propiedad a los trabajadores mediante lo que llamó The People`s Capitalism.

Ese “Capitalismo Popular” fue una dramática y radical iniciativa de la primer ministra, que pretendía hacer una verdadera revolución con dos docenas de las principales industrias de la Gran Bretaña, ineficientes, con más de un millón de trabajadores, un pobre servicio y en franco deterioro, y que aspiraba generar una sociedad de propietarios a través de la incorporación de estos al capital mismo de las empresas, hacerlos clientes-accionistas o trabajadores-accionistas, y darle al empresario la libertad de ejercer el riesgo y la libre empresa.

No fueron pocas las presiones, las huelgas, las protestas, inclusive de su cuerpo colegiado de ministros, a los que ella misma en más de una ocasión llegó a reclamar su falta de voluntad para ejercer su mandato de devolverle a la economía británica su salud otrora perdida.

Pero en qué consistió este Capitalismo Popular. Pues bien, mientras otras administraciones habían en efecto vendido o privatizado en grandes bloques a empresas o parte de las empresas aún mixtas, ella aspiraba que parte de las acciones se vendieran a los británicos de a pie, consciente del potencial que esas empresas líderes de la industria, casi todas monopolios, representaría en el futuro para esos inversionistas.

Es por ello que las acciones de esas empresas se vendieron por diferentes tramos. El de los ciudadanos de a pie tenía condiciones de total ventaja, precio descuento sobre el fijado al resto de los compradores, pago financiado a 12 meses, dos semanas de oferta al precio debidamente publicado en los principales diarios, para al análisis y decisión de cada uno, e inclusive llegó a dar incentivos de acciones en Bono hasta por el 10% de las acciones adquiridas si las mantenían por un mínimo de tres años.

¿Qué pretendía la ex Dama de Hierro? Pues generar una cultura de inversión entre los pequeños inversionistas, hasta entonces no desarrollada, que le permitiera en el largo plazo ir generando riqueza en las clases trabajadoras hasta convertirlas en clase media, mediante la inversión como medio de ahorro.

La primera en la lista (noviembre de 1984) fue Bristish Telephone, porque, como ella mismo dijo, “en cada casa hay un teléfono”. Esa emisión, en su primer día en la Bolsa de Valores, provocó un alza del 100% del precio de salida. Después vino British Gas, la mayor venta hasta entonces al mercado, y luego British Petroleum, cuya última venta de 35% coincidió con la crisis de octubre de 1987 y por eso se consideró que los pequeños inversionistas pudieran retirar sus órdenes o no pagarlas, 2 millones de pequeños inversionistas compraron BT y 6 millones de Británicos colocaron ordenes para BP.

En Colombia por solo mencionar a un vecino y exitoso país que ha copiado este modelo, tiene en Panama claras demostraciones de los resultados de llevar al mercado de capitales a casi dos millones de colombianos accionistas de sus principales empresas: Ecopetrol, Bancolombia (Banitsmo), Grupo Aval (BAC), Davivienda. Todas estas empresas han emitido millones de millones de pesos colombianos en acciones a cientos de miles de colombianos, a su vez han colaborado con su Banco de la Republica en la compra de dólares para proteger la revaluación del peso que afecta a sus exportadores, y consecuencia directa hoy en día controlan el 24% del Centro Bancario de Panama.

¡Eso es Democratización de Capital! ¡Eso es Capitalismo Popular! Valdría la pena seguir el ejemplo de Margaret Thatcher en Panamá.